Hacer camino como bipolar

1 La bipolaridad puede tomarse como una condena o como una experiencia sinfónica o como una paleta de colores. Me gustaría encontrar una voz que fuera un paisaje, un momento en la pintura de van Gogh, una pagina en los libros de Virginia Woolf, una mirada que surja mas allá del hospital, para llegar a las vivencias imaginarias redentoras, a la experiencia de la trascendencia, a la posibilidad de la superación y el aprendizaje, en la experiencia bipolar. Debe haber cierta plasticidad en el cerebro que nos permita acumular conocimientos y hacer del pasado un capital para manejas mejor la enfermedad, para disfrutar lo que nos trae la estabilidad. En mi experiencia he visto logros de mis tratamientos de una manera abrupta; el desarrollo de mi capacidad de escribir, también las progresiones en mi manera de articular las relaciones, la forma de vincularme, el afianzamiento de las redes sociales, la salida de mi aislamiento, la resolución de mis complejos y prejuicios y estigmas. Somos dueños absolutos de nuestra condición bipolar cuando podemos mirarla también desde cierta distancia, o sea, no estamos condenados a sufrir toda la vida por ser bipolares. Podemos vivir también excelentes momentos o simplemente multiplicar las experiencias que nos hacen bien, podemos pensar en positivo para sumar mejores formas de relacionarnos. La pastilla es apenas un detalle, no menor, por cierto. Nuestro pensamiento jerarquiza y cataloga según como interpretemos la entrevista con el psiquiatra, amén de otras relaciones grupales, nuestro pensamiento sabe condicionarnos. Lo interesante también es desandar caminos, poder romper con los estereotipos que nosotros mismos nos imponemos, poder superar nuestro propio encasillamiento y prejuicio, es un tema que lleva años posiblemente, siempre lo estamos intentando, siempre lo estamos haciendo. ¿Se puede hablar de lo que nos pasa? ¿Como encaramos este tema frente a una mujer? ¿El que tengamos que ocultarnos, nos hace falsos? ¿Nos aislamos para cuidarnos, para protegernos? ¿podemos intentar otros caminos intermedios. ¿hay una sola versión de lo que somos? ¿Podemos aspirar a algo mas? Yo creo que el tejido social, el trabajo sobre la reparación del vínculo, sobre las distancias personales es el camino. No solo recuperar la autoestima sino volver a desarrollar la capacidad de amar, volver a encontrar al niño interior, regresar al punto de partida sin perder al adulto que somos. Recuperar la memoria para volver a contar la historia. Este libro esta dedicado a todos aquellos que hacen un esfuerzo sobrehumano para encontrar la estabilidad, que es fruto de vivencias plenas y felices, que puede transformarse en manía pero que también brinda la apertura hacia una mejor comunicación, una mejor participación activa y social. Quiero escribir para reflexionar sobre los pasos de la ensoñación creadora, de la posibilidad de volar junto a otros, sin necesidad de que colapsen nuestros sentidos y todo se dispare hacia una locura que nos degrada, porque terminamos siendo victimas de nuestros actos destruyendo las construcciones imaginarias, de las que aprendemos para poder crecer. Entre todos los mensajes de la manía el más importante es el que libera el sentimiento amoroso de ser niño; es lo mejor que tiene la manía para señalarnos el camino de nuestra propia y mas completa identidad. Interpretamos mal y confundimos los mensajes, lo cual a veces nos pone en peligro; en mi caso la relación con el terapeuta se hace universal, se integra a la cultura. El terapeuta es madre, mujer y amiga, también compañera, aparece como doble en los rasgos sutiles de los seres anónimos que caminan por las calles. Ese rasgo que es como una señal, se acentúa en los guiños maternales, en el cuidado que me lleva a la fantasía de ser querido, a la idea de cura, de superación. Puede que el cerebro tenga secretos que nunca llegare a entender. Solo intento subrayar el aspecto psicológico de la enfermedad Bipolar dejando en claro su manifestación fenoménica, sus imágenes iniciáticas, aleccionadoras. Siempre que me sienta en la auto descalificación o en la desvalorización trabajare por volver a los recursos sumergidos, la escritura curativa. Me sacudiré la depresión haciendo resurgir la fantasía, volviendo a aprender desde el dolor otras miradas, porque en otros encuentros puedo recuperar los apoyos necesarios, el alimento de una consideración que se tiñe de amor y que me hace subir a la superficie. Es en la comunicación, en el trabajo a veces doloroso de parirse a uno mismo que vamos encontrando la apertura del juego que jugamos con otros, porque hay un armarse y desarmarse, una pregunta que nos lleva al largo viaje universal de la madre cósmica, la madre que reaparece como victoria sobre la muerte en el resurgimiento de la cultura, la mujer de todas las simbolizaciones, la resurrección de la diosa del azar, de las apariciones y los nacimientos donde toda la locura es un paisaje superador, una calle que nos invita a la visión sistémica de la sociedad, al mundo de los grandes hormigueros, a los sueños que nos atraviesan en el llanto de comer de todas las psiquiatrías y de devorar todas las ideas para abrirse paso en lo contemplativo, en el imaginario disolverse de la razón para encauzar siempre al grupo que contiene, a la escucha del analista que sobrevuela con nosotros ese mundo, que al contrario de lo que muchos piensan recorre lo mejor que tenemos en nuestro interior. Así es la evolución después de tantas tentativas, de tantos encierros. LO que no se nos hace inteligible de nuestros duelos es el muro psiquiátrico que se interpone entre la locura y la presencia del otro. Cuando el otro es un obstáculo sentimos la necesidad de replegarnos, pero el trabajo de curar es siempre ir mas allá de las diferencias, derribando prejuicios y muros. Muchas locuras son porque actuamos y no podemos hablar. Si pudiéramos darles voz a nuestras ensoñaciones no estaríamos tan locos. Callamos y enloquecemos. La violencia que surge de nuestros actos viene de tanta represión acumulada, del niño reprimido que fuimos, de todo lo que queremos decir y no podemos, de nuestra gran impotencia, de tanto obedecer, de tanto cumplir, de tanto postergarnos, de siempre esperar. Para muchos, reconocerse como pacientes psiquiátricos es una carga inmensa y dolorosa, yo tuve mi resistencia a la psiquiatría, me costo mucho aliarme con el psiquiatra, poder hablarle. Creo que cuando empecé a tener fe en él, a esperar resultados de él, me convertí más y más en un niño con la ilusión y el sentimiento de su poder confundí la realidad, me sentí en un mundo maravilloso donde el psiquiatra reinaba por encima de todos, movía los hilos de la ciudad para decirme cuanto me quería y yo sentía que sanaba, sentía amor por todos los hombres, por toda la vida que brotaba de sus cauces y manantiales, cuando tuve fe, cuando creí, lo vi todo reverdecer, espere el llamado que no llego nunca, me confundí, perdí mi propia noción en un incendio, me encerraron, me enoje, me sentí defraudado y despreciado. Las relaciones grupales me despertaron a una nueva visión, recupere la noción de la semejanza con el otro, escuche historias; me escuche a mi mismo contando las mil y una noches de mi vida, de mamá y papá, de sus muertes tempranas, de sus ilusiones y las mías, enhebre el tejido de mi mismidad. Pase por la melancolía, por la tristeza. Recupere mi palabra, yo que había callado casi toda mi vida, ahora dialogaba, me alimentaba de otras razones, en otras confluencias, me dejaba sorprender, volvía a entusiasmarme, esta vez no imaginaba al psiquiatra, sino a Elena, mi mamá, que murió a los treinta y seis años en un parto. Volví a sentir las escenas de nacimiento, visité una y otra vez mi propio parto, la vi sangrando, la vi llorando, aferrándose a todo, pujando, abrazándome, dándome el pecho, riendo; pude soñar despierto esas escenas, pude ver a mi padre en los pasillos, pude masticar mi nombre y la vi morir también en una videncia que me regala estas palabras, en estos momentos que la peinan, que la preparan para el velatorio. Como decían en el mayo francés: la imaginación al poder, el imaginario nos permite hacer regresiones a unos escenarios impensados, con la imaginación atravesamos las grandes aguas del amor, de la hermosa compañía. Y además la imaginación nos devuelve a la historia, la memoria de nuestra primera familia, al país que padecimos, a la historia que nos toco en los cuarteles, en las escuelas y en los manicomios; memoria para imaginar lo que somos con otros que nos sostienen, de un grupo que nos alimenta, de una ciudad que muchas veces nos llama a renacer, la gente en la calle, el paisaje urbano, la arquitectura, en ese caminar que es como el fuego o como el rio, pensando a Clarice Lispector , alma de la literatura que me ha dado la existencia, los libros que me han parido, pero también como perdí el desvió en los viajes, en otros mundos que fueron posibles, navegando siempre historias apasionadas, en el corazón de un departamento, el vacío, nadie a quien llamar, nadie a quien pedir ayuda, en el corazón de la bipolaridad, del mas desgarrador enfrentamiento con el dolor y con el mundo, arrastrando la tristeza de morirme por dentro, de llevar mi agonía de hospital en hospital y tratando de parir un lenguaje, una demostración de la escena dramática de mi aislamiento, así cuide a mis hijas, así me aparte de la sociedad, sin poder recrear la tierra de todos nosotros y sus frutos y sus aventuras. El otro lado de mi aventura fue un divorcio, fue una forma de amputación, una manera de incorporar la psiquiatría, de arrastrarse por la extrañeza de la psicosis, como un brujo herido, domesticado, ceñido al error que te empodera por ser loco, a tirar cosas por la ventana, a subirse desnudo a los techos. Atravesado por muchos duelos, tanto mi país, como mi mujer, como mis padres, el dolor interminable, la sensación de fracaso, la falta de palabras, el desarraigo; todas esas cosas que responden a las causas y consecuencias de la enfermedad Bipolar, pero que también son el cuadro psicológico de complejos conflictos que la enfermedad Bipolar contribuye a esclarecer. Porque los síntomas detrás del delirio, los signos matristicos de una realidad ensoñadora, la deriva que fluye en el acontecer simbólico del imaginario, son todas formas de descifrar la historia y aprender de las nuevas visiones, como mentaba Pichón Riviere, la superación dialéctica mas allá de la ensalada de palabras, la posibilidad del pensamiento, que regula también la medicación, en la esfera estable del mundo interno y de la lógica relacional en la cual participa. Vencer la tendencia solitaria a partir de los grupos, de las actividades con otros, de los encuentros y conversaciones. Llevarse a casa toda esa riqueza de contactos, recordar, como antes no podía; recrear los vínculos, el mundo interno, la familia interna puebla nuestra soledad de otra vida, hace de nuestra soledad un refugio, un mirador de otras historias y miradas, es la cura del dolor, la satisfacción de que ya nuestra soledad no es una tragedia, de que ya no hay lugar para desesperar por la incomunicación. Que uno reciba su condición Bipolar como un castigo, es normal, lo difícil es permanecer en este sentimiento de condena muchos años. La depresión tiene muchos significados, todo lo que uno lucha para estar estable y, sin embargo, no poder comprender las emociones durante la manía y recaer en internaciones. Creo que hay algunas cosas que pueden mantenernos a salvo de las recaídas. Básicamente lo más importante es una buena medicación y también un buen psiquiatra. Muy tarde tome conciencia de que dormir era importante para mi salud mental, descuide este tema muchas veces y es uno de los temas centrales de la higiene mental. A mi me gustaban las noches y la computadora, muchas cosas se resolvieron gracias a la conexión con internet, por ejemplo, recuperar mi bilingüismo, mi comunicación con Francia y España, soldar las partes divididas del mundo, todo esto hacia que no me sintiera tan solo: Además en el hospital Borda me recomendaron la escritura y ese fue el principio de un libro, de una declaración de amor y de libertad a través de la escritura, siento que la escritura me ha ampliado la relación con el idioma; de una pobreza de palabras que tenía a la adquisición de un vocabulario, de una capacidad narrativa, también de poder pensar a partir de la escritura, de estar en el habla castellana mucho mejor situado, de poder romper la lógica del monologo enriqueciendo la posibilidad de la conversación y el intercambio, todo eso me lo dio la escritura, además de la simbolización y el desarrollo de una nueva conciencia. Aprendí mucho del construccionismo social de Gergen, sus libros han aportado muchísimo a mi proceso de estar con otros, he podido derribar gran parte de mis prejuicios ante la evidencia de otras vulnerabilidades, mi conexión con los demás, mi habilidad para recrear los vínculos se vio enriquecida; todo esto amplio mi conocimiento, mi conciencia, también, mi lenguaje. Para abrirme a otras realidades, los libros. Para ser en otros pensamientos, en otras historias, el ensayo, la filosofía y la poesía. Una de las características de la bipolaridad es el desarrollo de la sensibilidad visual, sentir como paisaje, emocionarse con lo urbano, siempre próximo al satori, al destello de la belleza, lo bipolar en la manía suele ser espectacular, maravilloso. Es como un narcótico que nos llena de emociones y fulgores. Los budistas hablan de iluminación para un estado que los bipolares conocen muy bien. El semillero de la sabiduría seria ese ensanchamiento de la conciencia, esa apertura de la mente hacia un todo universal. Esa relación con el todo abre la mente a un paisaje sublime; es un estado contemplativo donde la naturaleza de nuestro ser original se entrega y mira amorosamente la realidad. Es a partir del amor que sentimos por la vida que conocemos la realidad en la que vivimos, es este amor el que nos hace parir la historia, el que nos ayuda a recordar de donde venimos, quienes somos. Lo que ocurre en el dolor es una emanación de todo aquello que se resiste a la entrega, a la generosidad. En el dolor se consumen nuestras fuerzas porque no podemos abrir nuestras puertas al mundo social, no nos podemos ver a través de otros. Estamos impedidos en el dialogo, nos damos muerte en un monologo imposible. La muerte de tantas muertes, la boca del niño que no tiene palabras, el dolor de los primeros muertos en la infancia, el dolor de la infancia, desde que aprendemos las conductas más agresivas, callamos y reprimimos, pero siempre se escapa algo de lo mas autentico que tenemos, siempre abrimos un libro que nos abre a todos los libros de nuestra historia. Y aprender a leer, a caminar, a escribir, pero no saber amar; golpear en las puertas del amor, sentir vergüenza del amor como si aparecieran en todas partes la madre originaria, como si la manía fuera una de las formas de sentirse amado y de amar, la trampa voluptuosa del amor en el mundo de Alicia en el país de las maravillas. Éxito en el sentido del ser, de conocer, pero no de aprender. Con la música detrás, todo el contenido urbano, la arquitectura que empieza por explicarse en las líneas, en los recortes, la publicidad, el diseño; lo que hay es una mutación que se repite, una re educación del gusto, todo un replanteo verbal, una forma de definirse. Lo que no se aprende insiste. El mundo de los otros, los fracasos, todas las cosas que se intentaron y que vuelven a ser, que golpean la puerta otra vez, intentando asimilar, reconocer, recordar. Todo lo que insiste y merodea alrededor nuestro, nos invita a capturar el significado del símbolo, la alerta que nos despierta siempre con la misma alegría, con el mismo fulgor a una realización que si bien la aprovechamos resulta superación de otras instancias, crecimiento, espiral dialéctica. Y si sabemos aprovechar la oportunidad que nos da el imaginario para crecer desde el simbolismo de la imagen, desde la abundancia de nuestro ensueño, de la captura de nuestro pasado, el uso de la memoria que nos atraviesa siendo niños, jugando el juego de la fantasía que se recupera en la realidad, en el paisaje de los barrios, de las avenidas, de los colectivos donde se ve pasar la manía que interpreta códigos, por asalto, llama otras presencias, se desquita de su soledad, de su sombra, de su agobio, finalmente aprende lo no aprendido, lo fracasado. Y continua. No tanto en la mirada psiquiátrica, sino más bien en las psicologías y el psicoanálisis de la percepción; en el revivir las emociones, con cuidado de asociar, de como se asocia, en donde va interviniendo la razón cada vez mas pobre, de lo que cuesta pensar en esos momentos de alborada, de acontecimiento. De lo que cuesta nacer a una fantasía mundana, donde la ensoñación nos enseña mundos virtuales, se duplican las mujeres amadas, se hace una novela del amor a la mujer. Se hace de la mujer un doble que representa sus rasgos, sus peinados, su silueta en los parques, en las calles y en los bares, esta confusión, este espejismo de la manía necesita palabras, necesita otros que puedan escuchar. Las similitudes son llamadas de un dios o una diosa que con su omnisciencia refleja el deseo, la intención del encuentro, del azar.

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